A veces alzo la mirada al cielo cuando oscurece, esperando verte. Impaciente por que aparezca esa primera estrella... aquella que tú decías que siempre serías. Abuelo, te echo de menos. Hace ya algo más de 10 largos años que te fuiste, y la añoranza siempre perdurará en mí.¿Sabes? Han pasado muchas Navidades sin ti, recordando como te dormías en tu silla, antes de que llegarán las uvas de Nochevieja. Esa misma silla que ahora me gusta ocupar con orgullo, tomando tu relevo. El orgullo de haber tenido la suerte de haberte conocido.
Me viene a la cabeza aquella frase que decías tan a menudo.. ¡¡Todo el mundo a trabajar!! cuando lo pienso no puedo evitar esbozar una sonrisa, de las sinceras, de esas que me gustaría que vieras y sonrieras a mi lado.
Estoy convencido de que viviste una vida plena, y que cuando llego el momento de marchar, estuviste tranquilo, porque habías conseguido lo que querías. Ahora también me acuerdo del día que te fuiste... la abuela me dijo que te habían llevado los ángeles, como no, sé que eres la estrella que más brilla en el cielo. Ojalá no te hubieras ido tan pronto. Abuelo, no te he olvidado... Yayo, mi yayo... ¡cuanto te echo de menos!
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